Reseña: Solaris (1972)

Andrei Tarkovsky presenta al espectador, desde los primeros minutos de Solaris, el estilo cinematográfico al que será sometido en las próximas casi tres horas de duración del film. Al igual que en sus demás obras, la narrativa de Tarkovsky busca antes que el entretenimiento, la contemplación y la meditación. Se utilizan con frecuencia largas tomas que en ocasiones aparentan ir sin rumbo fijo, y cuyo objetivo parece ser el de desacelerarnos y encaminarnos hacia un ambiente de tranquilidad y reflexión.

A pesar de evidentemente pertenecer al género de ciencia ficción, Solaris es un film que (sin dejar de lado el aspecto científico) se basa más que todo en los dilemas filosóficos del ser humano.

Kris Kelvin paseando por la pradera

La película empieza siguiendo al psicólogo Kris Kelvin (Donatas Banionis), el protagonista de la historia, dando un paseo por una pradera, para luego llevarnos al interior de una casa donde descubrimos que este está a punto de partir hacia una estación espacial que se encarga de investigar al misterioso planeta Solaris, donde al parecer, están ocurriendo fenómenos inexplicables. Una vez allá, Kelvin descubre que el único tripulante al que él conocía y esperaba encontrar se ha quitado la vida, y que en la estación solo quedan otros dos científicos que no quieren discutir sobre el tema, pero que le aconsejan que no se exalte por lo que pueda ver pues debe recordar que “ya no se encuentra en la tierra”. Esa noche Kelvin despierta para encontrar a su esposa, Khari (Natalya Bondarchuk), quien murió hace diez años, sentada junta a él en su cuarto, y es aquí donde empiezan las preguntas sobre los misterios de la mente y del ser, sobre qué es lo que hace a alguien humano y el dilema moral que implica la decisión de vivir o no en una fantasía nostálgica.

Kris y Khari

El director, Andrei Tarkovsky, logra que el espectador se sienta tan confundido como el protagonista de la historia con respecto a lo que ocurre a su alrededor. Existe en todo momento una sensación de misterio envolvente, de peligro implacable, y de seriedad y gravedad hacia lo desconocido de la situación. Todo esto es quizá conseguido gracias y en parte al silencio parcial de la película (no hay música, solo diálogos y efectos de sonido) y a lo inusual de la propuesta fotográfica.

Estación de Solaris

Tarkovsky logró expresar en Solaris una profundidad artística y filosófica en una narrativa de bases científicas, generando un film que posee un aire distinto a lo convencional y una habilidad para proyectar en el público una de las interrogantes más ignoradas: la vida, el amor y la consciencia, ¿son también parte de lo desconocido e inexplorado?

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