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Reseña: Stalker (1979)

Stalker es el nombre del film al que muchos consideran el trabajo mejor realizado del reconocido cineaste ruso Andrei Tarkovsky. Como es de esperarse por un estilo ya establecido que se puede contemplar en las demás obras del director, se trata de una película lenta en la que las escenas duran más de lo común (tomas largas y diálogos pausados), y con las que antes que buscar un progreso argumental se busca un efecto dramático, un acercamiento a la consciencia de los personajes y a lo que ocurre en el film como una realidad de la que puede formar parte el espectador.

Los escenarios del film muestran un mundo sórdido y post-apocalíptico

Stalker (Aleksandr Kaydanovskiy), el protagonista de la historia, es un hombre que vive pobremente con su esposa y su hija en un mundo post-apocalíptico del que solo entendemos su miseria. Tan pronto empieza el film este decide marcharse de casa en lo que parece ser una vez más de muchas, y pronto descubrimos que su ida se debe a la ejecución de un trabajo ilegal: nuestro protagonista es un guía que se encarga de llevar hacia The Zone, un espacio prohibido y celosamente protegido por el gobierno, a quien sea que le pague lo que pide. Writer (Anatoliy Solonitsyn) y Professor (Nikolay Grinko) serán sus acompañantes esta vez, ¿la razón por la que tantos son capaces de pagar fuertes sumas de dinero para emprender un viaje ilegal hacia un lugar prohibido y peligroso en el que posiblemente acabarán sus vidas? Según rumores confirmados por muchos, incluyendo a Stalker, en los adentros más inaccesibles de The Zone existe un bunker, y en este bunker existe un cuarto que cumplirá cualquier deseo que uno pida.

De izquierda a derecha: Writer (Anatoliy Solonitsyn); Stalker (Aleksandr Kaydanovskiy); Professor (Nikolay Grinko)

Stalker es un film que indaga en la mente del ser humano, específicamente en la fracción en la que se encuentran los deseos más inconscientes de este, donde se encuentran los móviles que lo llevarán a ser feliz pero que este, en realidad, desconoce. Con un diálogo dominantemente filosófico y una excelente propuesta visual que atrapa de manera acogedora al espectador y lo lleva hacia escenarios y paisajes asombrosos, Tarkovsky consigue una aventura original en la que lo metafísico y lo abstracto parecen ser una parte natural de la realidad.

Reseña: Melancholia (2011)

La historia de Melancholia, la película escrita y dirigida por Lars von Trier, honra a su título. La introducción es un gran spoiler: la tierra será destruida debido a una colisión con un gran planeta azul y nadie se salvará. No se trata de una película que use este tema apocalíptico para mostrar cómo la humanidad puede salvarse o que busque generar suspenso al espectador acerca de si todo ocurrirá o no (es justamente lo que la introducción trata de evitar), se trata de cómo reaccionarán dos personas distintas, las hermanas Justine y Claire, ante este fenómeno insólito y posible acontecimiento.

El planeta Melancholia a punto de colisionar contra la tierra

El film se separa en dos partes (de forma literal, pero también abstracta como veremos luego): en la primera, Justine (Kirsten Dunst), recién casada y en vestido de novia, toma el rol protagónico. Se nos muestra la cena que toma lugar después de la boda, donde podemos ver que posee una familia disfuncional gracias al recurrente drama que no se hace esperar; y también que se encuentra en un estado inicial de depresión contra el que intenta luchar, inútilmente, para no arruinar su matrimonio. La única persona que parece poder entender y empatizar con la desdicha en la que se encuentra, es su hermana Claire (Charlotte Gainsbourg), y en la segunda parte del film es esta última quien pasa a ser la protagonista. Cuando Justine entra en una depresión más severa, es su hermana quien cuida de ella, y es aquí también cuando se nos muestra de manera visualmente notable, por primera vez, el planeta Melancholia acercándose a la tierra. El film, sin perder su singular esencia alcanzada, toma un giro en su tema y se enfoca en el sentimiento de angustia y de ansiedad que Claire transmite, así como en el estado de resignación e indiferencia que Justine ha adoptado.

Lars von Trier decide enfocarse en una sola familia a pesar de la amenaza mundial que representa el fenómeno,

Lars von Trier, tal como lo han hecho los más célebres escritores de ciencia ficción, y en una forma muy similar y quizá influenciada por Solaris de Andrei Tarvosky (dado la propuesta audiovisual, el ritmo del film y los temas), se las ha ingeniado para tomar elementos de este género cinematográfico y redirigirlos hacia aspectos más filosóficos.

El miedo a la muerte y el aferro a la vida, la lucha por no hundirse en la tristeza, la convicción o perspectiva positiva hacia lo desconocido, así como la irreverencia humana, son algunos de los temas del film que se pueden encontrar en el personaje de Claire; mientras que la depresión y la melancolía, la resignación hacia lo venidero, la confusión o indiferencia absoluta hacia el sentido de la vida y la perspectiva negativa hacia la misma, son los que se pueden descubrir en Justine.

Melancolía es el título y el tema central de la película

Las hermanas forman así, dos símbolos que a pesar de ser contrarios no pueden separarse ni menospreciarse, ya que conforman juntos y complementariamente, las propiedades más fundamentales del ser humano.

Reseña: Solaris (1972)

Andrei Tarkovsky presenta al espectador, desde los primeros minutos de Solaris, el estilo cinematográfico al que será sometido en las próximas casi tres horas de duración del film. Al igual que en sus demás obras, la narrativa de Tarkovsky busca antes que el entretenimiento, la contemplación y la meditación. Se utilizan con frecuencia largas tomas que en ocasiones aparentan ir sin rumbo fijo, y cuyo objetivo parece ser el de desacelerarnos y encaminarnos hacia un ambiente de tranquilidad y reflexión.

A pesar de evidentemente pertenecer al género de ciencia ficción, Solaris es un film que (sin dejar de lado el aspecto científico) se basa más que todo en los dilemas filosóficos del ser humano.

Kris Kelvin paseando por la pradera

La película empieza siguiendo al psicólogo Kris Kelvin (Donatas Banionis), el protagonista de la historia, dando un paseo por una pradera, para luego llevarnos al interior de una casa donde descubrimos que este está a punto de partir hacia una estación espacial que se encarga de investigar al misterioso planeta Solaris, donde al parecer, están ocurriendo fenómenos inexplicables. Una vez allá, Kelvin descubre que el único tripulante al que él conocía y esperaba encontrar se ha quitado la vida, y que en la estación solo quedan otros dos científicos que no quieren discutir sobre el tema, pero que le aconsejan que no se exalte por lo que pueda ver pues debe recordar que “ya no se encuentra en la tierra”. Esa noche Kelvin despierta para encontrar a su esposa, Khari (Natalya Bondarchuk), quien murió hace diez años, sentada junta a él en su cuarto, y es aquí donde empiezan las preguntas sobre los misterios de la mente y del ser, sobre qué es lo que hace a alguien humano y el dilema moral que implica la decisión de vivir o no en una fantasía nostálgica.

Kris y Khari

El director, Andrei Tarkovsky, logra que el espectador se sienta tan confundido como el protagonista de la historia con respecto a lo que ocurre a su alrededor. Existe en todo momento una sensación de misterio envolvente, de peligro implacable, y de seriedad y gravedad hacia lo desconocido de la situación. Todo esto es quizá conseguido gracias y en parte al silencio parcial de la película (no hay música, solo diálogos y efectos de sonido) y a lo inusual de la propuesta fotográfica.

Estación de Solaris

Tarkovsky logró expresar en Solaris una profundidad artística y filosófica en una narrativa de bases científicas, generando un film que posee un aire distinto a lo convencional y una habilidad para proyectar en el público una de las interrogantes más ignoradas: la vida, el amor y la consciencia, ¿son también parte de lo desconocido e inexplorado?

Reseña: Donnie Darko

Donnie Darko fue el primer largometraje escrito y dirigido por Richard Kelly, a quien sin duda no le faltó ambición al realizarlo, pues es un trabajo brillante que busca intrigarte desde la primera mirada y no darte descanso en ningún momento, ni siquiera en la última imagen.

En cuanto al género de este film se pueden decir muchas cosas distintas, quizá que es de ciencia ficción, que juega con el surrealismo, que se trata de un thriller psicológico, que es de misterio, de romance, un drama o hasta una comedia, pero sería un error encasillarlo en un solo género, en dos o incluso en tres.. y quizá sería mejor simplemente decir que puede escabullirse y adoptar muchos géneros narrativos distintos, pero sin llegar a ser un enredo.

Frank

 

El protagonista, Donnie (caracterizado por Jake Gyllenhaal), es un adolescente que está siendo atormentado por la extraña figura de un hombre en un traje de lo que a simple vista parece ser un conejo de otro mundo. Desde el primer momento en el que Donnie tiene esta visión aterradora, se dan los primeros pasos hacia el tema de fondo del film: los viajes en el tiempo (o algo así); pero si bien el espectador no lo entenderá hasta después (tal vez mucho después), Gyllenhaal logra mantenerlo interesado y expectante con una actuación que podría fácilmente confundirse con un sufrimiento y angustia interior y real del actor.

Donnie Darko catapultó la carrera de Jake Gyllenhaal

 

Pero si bien la actuación de Gyllenhaal fue un punto fuerte en la película, Richard Kelly no se queda atrás. Es impresionante lo que pudo lograr en su primer film, sobre todo siendo este uno de carácter independiente. El guión es extremadamente original y creativo, sorprendentemente extraño, oscuro pero con un toque de comedia. Esta es sin lugar a dudas una película con una
esencia particular y única que no volveremos a encontrar otra vez en el futuro.